viernes, 24 de abril de 2015

Marenostrum....nostrum tantum...

Y Europa, solo nuestra también...

Como decía esta semana Paco Nadal en su artículo ¿Y si el titular fuera "700 turistas europeos, ahogados al volcar un crucero frente a Malta"? lo más probable es que todos los mecanismos burocráticos estuvieran viviendo una efervescencia reguladora, las noticias del naufragio serían detalladas hasta lo más ínfimo y sobre todo, las muestras mundiales de dolor, consternación y apoyo a las familias de las victimas serían tan ilimitadas como televisadas hasta la saciedad. ¿A que familias apoyamos esta vez? ¿Cómo se llaman los miles de seres humanos que cada día mueren en el mar a bordo de embarcaciones precarias?.
Ninguna de estas preguntas tiene mas respuesta que la de agachar la cabeza y mirar sigilosamente hacia otro lado mientras damos la espalda al mar.
Esfuerzos nimios de los responsables por acabar con las miles de muertes, que solo se echan las manos a la cabeza cuando los montones de cadáveres son más grandes de lo habitual, por más que un ser humano no vale menos que otro, de los cada uno de seres humanos que forman ese montón.
Parece que el dinero y la legislación todo lo arregla desde este lado playero y soleado del Mediterráneo, para hacer ver que ayudamos a los del lado hostil, de sol abrasador y estados que no son tales y que colaboramos en demoler con la excusa de que los liberamos. Un esfuerzo de imaginación, claman algunos para que la Unión Europea y todas sus instituciones frenen las muertes de quienes no son capaces de frenar en la otra orilla. El caso es frenar...
Frenar la inmigración ilegal, oséa, las ansias de vivir, vivir en el sentido más estricto de la palabra a costa de la muerte.

Frenar a los que trafican con seres humanos, para así poder culpabilizarles en exclusiva de que comercien con la libertad de las personas mientras nosotros negociamos si viven o mueren cuando se lanzan la mar como última salida.
Frenar a los que consiguen cruzar, para que después de superar obstáculos que la mayoría jamás afrontaríamos, huelan Europa, jamás olviden que "llegaron" pero, sean devueltos sin pudor y "legalmente".
Esta semana nos preocupa habernos vuelto tan inhumanos, por una vez hemos sido conscientes del éxodo que atraviesa el Mediterráneo, aunque también haya miles de muertes en otros mares que prometen libertad, y ya iba siendo hora. La pena es que en breve se olvidará, que mientras parece que se hace algo se nos inculca también que hay que proteger las fronteras, que los Estados tienen cupo de admitidos aunque nadie nos diga un número de aforo admisible, que bastante tenemos con cuidarnos nosotros en medio de una crisis económica irrisoria si se compara con la situación que viven libios, sirios, marroquíes, argelinos, nigerianos...esos que se ahogan sin que a nadie importe su nombre.

Europa se convierte así en innombrable ante la evidencia de la incapacidad de frenar la sangría porque deja de ser Europa para ser un conjunto de Estados egoístas e instituciones inservibles. Vaya por delante el reconocimiento para quienes evitan tanto horror saltándose las normas las más de las veces, esas normas que no les permiten ayudar a otros seres humanos, los que no presumen de derechos fundamentales y claman para que les sean reconocidos, que bastante tienen con respirar al llegar a tierra firme.
Europa no se plantea que daría la vida por vivir en la otra orilla mientras observa embelesado ese maravilloso mar que un día lo fue de todos a los que baña.


Silvia Brasa
2015

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